miércoles, 29 de octubre de 2008

De mi ausencia

Estimados lectores de este espacio para la difusión de la heroica gesta patriota encabezada por Nuestro Padre, he vuelto una vez más luego de un momentáneo alejamiento. No es la primera vez que me mantengo distante de las letras. Siempre hubo alguna razón externa que marcó esta separación. Pero esta vez no es del todo externa. Este último mes ha sido sin dudas el más difícil y angustiante que me ha tocado vivir. Días enteros recostado en mi austera cama, alejado de las costumbres auspiciadas y fomentadas por Tabaré, propias de los pueblos civilizados, como el afeitarse y todo lo referente al aseo personal. Invadido por un vacío inmisericorde, que ni siquiera pudo ser llenado por mi flauta. Ni siquiera los constantes gestos de aliento de mis vecinos y amigos de mi amado barrio de La Figurita sirvieron. Ni el olor de las frituras de Nelly Sosa, ni el repiqueteo de las bolas de cassin ni el embriagador olor de la buseca del Cartago En Llamas fueron capaces de quebrar el estado de sitio que me inflingió este vacío de que les hablo. Supongo se encuentran preocupadísimos mientras leen estas líneas, y seguro se cuestionan cuales serán las razones de todo este sufrimiento. Empezó hace un mes y medio aproximadamente. En un día típico de trabajo en la recia División Catastro de la IMM me encontraba revisando unos largos, grises y escandalosos archiveros metálicos, abarrotados de amarronados expedientes catastrales cuando de repente escucho en la radio un noticia que me estremeció al instante. Se trataba sobre un posible alejamiento Nuestro Padre como regente de estas tierras. Inmediatamente sentí un sudor frío correr por mi humandidad y la respiración se me cortó momentáneamente, mi bello rostro empalideció de un golpe, sentí que todo se me daba vuelta y ahí nomás me desvanecí sobre ese archivero. Rápidamente fui atendido por mis compañeros de trabajo y llevado a mi casa. Me encontraba en un estado de shock. La sola idea de no ser gobernado por Nuestro Padre me producía pánico, angustia y una sensación de vacío insoportable. Es inconcebible una vida sin estar bajo el ala protectora de Tabaré, solo una persona que este excenta de sus cualidades mentales estaría a gusto así. Es que por eso existen los opositores, son enfermos siquiátricos, es la única explicación. Y así estuve un mes aproximadamente como les conté previamente, pasando por momentos de increíble bajeza que no comentaré acá debido a lo humillante que resultaría para un hombre de honor como quien les escribe. Pero un día la vida volvió a mi. Me encontraba viajando por las más oscuras sendas del mundo onírico donde se me revelaba un futuro oscuro y bárbaro sin Nuestro Padre cuando de repente el constante golpeteo de la puerta me trajo de vuelta al mundo tangible. Era mi amigo y vecino Tolomeo Aristófanes Gutiérrez que a los gritos me llamaba. Me decía: "Oh! Levántate gran hombre! Caudillo de La Figurita! Las buenas noticias han vuelto! Sal de tu lecho de oscuridad, desilución y desesperación! La esperanza ha vuelto! Tabaré no se va! Se queda! La Pax Tabárea continuará!". Salté como un resorte invadido de una vitalidad casi adolescente. Inmediatamente la euforia me invadió y lo primero que hice fue ir al cuarto de baño a rasurarme esa barba digna de un inmundo bárbaro. Ahora los rumores eran otros, y eran auspiciosos. No me enteré en ese mes de aislamiento de lo que acontecía. No era el único que se encontraba desesperado ante esas noticias. Miles y miles de personas de todos los rincones del territorio formaron largas columnas que me marcharon hasta la capital. Gente que mientras caminaba se autoflagelaba, gritaban desesperadamente, algunos caminaban de rodillas. Nunca se vió algo tan magistral y a la vez tan desolador comentan los vecinos. Miles de suicidios honrosos quitaron la vida a la gente. Y las ratas opositoras ya se encontraban intrigando por los rincones de la ciudad, tratando de crear una quinta columna que se encargue de amotinar a lo más bajo del populacho fiel al vino y los más depravados vicios, pero la fiesta les duró poco. En otra muestra de su infinita sabduría y magnánima misericordia Tabaré decidió declarar públicamente que seguirá al frente de el Estado, y garantizará la benefactora Pax Tabárea que bendice a Su pueblo. Y como era de esperar esta muestra de Su amor incondicional desncadenó un nunca antes visto fervor popular que invadió las calles de alegría y júbilo. Los festejos se diseminaron por toda la nación y a las alimañas opositoras les volvieron las caras largas. Luego de 5 días festivos declarados por Tabaré todo volvió a la normalidad para el pueblo y también para mi.

Viva Tabaré y la Pax Tabárea!
Siempre fieles!

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