Ave, fieles seguidores de Andreacles y de Nuestro Misericordioso Padre. Quien les escribe en esta oportunidad es Aristófanes Tolomeo Guitiérrez. Tal vez me recuerden como vecino de Andreacles de alguno de sus épicos y conmovedores relatos. Se estaran preguntando por que soy yo quien les escribe y no la eminente figura dueña de este espacio de difusión. Bueno, a partir de este momento estaré contando lo sucedido para vosotros. Aclaro que no dispongo de la virtuosa y floreada forma de relatar de mi querido vecino y amigo del Cartago En Llamas.
Todo empezó hace algunos meses cuando en una vil muestra de la más vergonzosa y desagradecida desobediencia, el Senado se amotinó en contra de Tabaré, poniendo en peligro la estabilidad del Imperio, desafiando la monolítica autoridad de Nuestro Padre que como era de esperar no vaciló ni un segundo en vetar la despreciable moción votada por ese conjunto de traidores. Esa misma tarde la ciudad entera se encontraba en una tensa calma. Nos encontrábamos en el Cartago En Llamas discutiendo si Las Vidas Paralelas de Plutarco superaban la obra de Tito Livio cuando de pronto gritos se comenzaron a escuchar a lo lejos. Estos comenzaron a escucharse cada vez más cerca cuando de pronto ahí lo oímos. Era un joven andrajoso que mientras corría y se rasgaba sus harapientas vestiduras gritaba eufóricamente:"Tabaré vetó la moción del Senado!","Habrá movilizaciones en la plaza central!". Siguió gritando de tal manera que la gente se asomaba de las ventanas. Cuando entendió lo que pasaba Andreacles inmediatamente saltó de la silla, tomó un sorbo largo de sus grapa con limón y se dirigió inmediantamente a su humilde morada de La Figurita. Enseguida me levanté de mi silla y lo acompañe en su apuro. Entró rapidamente a su casa, tomó su mejor traje, este de color marrón y de coderas del mismo color, y rápidamente se subió a su querida citroneta marrón. Ahí le pregunto estupefacto:
-vecino! A dónde se dirije compañero?!
-debo ir a la Plaza Central. Intentaré con mi imponente oratoria dar vuelta la opinión de la chusma amotinada. Y aunque me cueste la vida defenderé el sagrado honor de Tabaré. La Pax Tabárea debe ser defendida a todo costo.
-Pero espere amigo! Es peligroso para hombres de bien como usted enfrentarse a esa turba iracunda y manipulada por las ratas opositoras.
-No me importa mi fiel amigo. Ya lo expliqué antes. La Pax Tabárea o la muerte!
Y sin más decir arrancó su bólido dejando un negro rastro en el asfalto, y el olor a caucho quemado impregnó mis narinas. Rápidamente tome mi bicileta Rondinella del 67 y me dirigí a la Plaza Central. Para cuando llegué Andreacles ya estaba subido a un monumento de mármol en honor de La Matriarca. Las señas dignas de los mejores oradores clásicos y su firme voz harían sentirse como mendigos a los mismísimos Demóstenes y Marco Tulio Cicerón. Pero no es fácil calmar a una chusma rabiosa como perros. Su intento fue en vano y terminó abucheado, escupido y cubierto de verduras pútridas arrojadas por los "ciudadanos" presentes. Incrédulo se retiró rápidamente y regresó a su casa. Al rato todos los feligreses del Cartago En Llamas fuimos a su casa a darle nuestro apoyo. Para cuando llegamos ahí Andreacles estaba tendido en su cama, totalmente desvastado. Se encontraba ejecutando una desgarradora melodía en su flauta y un periódico se encontraba semiabierto a su lado. En la tapa la tinta dibujaba la siguiente oración: "Tabaré dolido por la actitud del pueblo frente al veto". Y ahí nos dimos cuenta, mientras observñabamos la perdida mirada de Andreacles, que no era por la humillación de que había sido víctima su malestar. Se encontraba desvastado al saber como se sentía Nuestro Padre. No entendía como Su pueblo podría ser tan desagraecido. Luego de algún rato se echó a dormir. Al amanecer del día siguiente cuando recién me lavantaba siento que golpean a mi puerta. Era Andreacles, con una vieja maleta en su mano. Enseguida le pregunto:
-Qué pasa vecino? Adónde piensa ir?
-Me voy de aquí, tal vez nunca vuelva. No se donde aún. Me tomaré el primer barco que encuentre. Esta tierra ya no es lugar para los hombres de honor como nosotros.
Lo miré y ni siquiera intenté convencerlo de lo contrario. A un hombre de temperamento de hierro no se le puede hacer cambiar de opinión. Nos saludamos brevemente y ahí se fue caminando con su valija gastada hasta que se perdió en el horizonte. Dejó algunas de sus pertenencias, las cuales son celosamente cuidadas por sus vecinos para que ninguna lacra opositora se quiera aprovechar de la situación y sacar de provecho mediante el pillaje.
Pasamos meses sin saber nada. Hasta que un día cuando estábamos en el bar un marino se apareció, y luego de largo rato de charla nos contó que había naufragado semanas atrás terminando en una isla aparentemente desierta de los mares del sur. Pensaron que iban a morir pero al otro día un hombre se apareció. Vestía como un salvaje pero al hablar era claro que no lo era. Mientras decía eso de golpe un presentimeinto me invadió. Comencé a increpar al marino y ahí me di cuenta que el solitario habitante de la isla era nada más y nada menos que Andreacles. Desesperados le preguntamos como se encontraba. Nos dijo que se lo veía muy bien y dominaba la isla y a un grupo de nativos. Nos contó que los ayudó a conStruir un navío para salir de la isla y que al preguntarle si quería irse con ellos, Andreacles con total calma les dijo que no era tiempo de volver. Que por ese momento su labor consistía en llevar el inspirador y avasallante mensaje civilizador de Nuestro Padre para hacer de esos salvajes futuros ciudadanos de bien. Les dió víveres para varios días y allí se subieron a la embarcación. Al terminar el relato un silecio total invadió el bar, y luego de un minuto todos levantamos la copa y brindamos por nuestro ausente compañero. Nos alegráramos de que estuviera bien. Ya pasaron varias semanas y he decidido reunir un dinero para visitarlo en la isla. Desde ese día como promesa decidí no fumar las numerosas cajas de Casino que fumo por día hasta que Andreacles vuelva, es difícil pero lo vale. Apenas tenga noticias se las haré saber.
Hasta el próximo relato y como decía mi amigo y vecino:
Siempre fieles!
miércoles, 28 de enero de 2009
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