Hace días nada más, noche de otoño en La Figurita. Nos encontrábamos en el bar "Cartago En LLamas" del estimadísimo Publio Cornelio Méndez. Ronda de amigos, grapa con limón y buseca (la mejor buseca de Montevideo según Aristófanes Tolomeo Gutiérrez) e intercalando algún cassin entre plato y plato. Ya ere medianoche, y de pronto, mientras nos encontrábamos discutiendo acaloradamente las cláusulas del tratado de paz de la segunda Guerra Samnita, una espesa neblina comenzó a entrar al boliche, colándose por las rendijas escurridizamente. "Es humo de alguna cocinata que se manda la Nelly", exclamó Publio Cornelio Méndez, pero mi olfato de sabueso reconoce los inconfundibles aromas de la cocina de Nelly Sosa, mi colega de la División Tránsito, y rechacé inmediatamente tal descabellada hipótesis. El hedor era inconfundible, se trataba de humo proveniente de pastizales quemados. Es inolvidable el olor, lo recuerdo de las campañas militares con el Ejército Imperial cuando arrasábamos campos enteros a base de fuego.Aristófanes Tolomeo Gutiérrez, que es asmático, comenzó en seguida a toser sin parar, un catarro infernal se oía circular por sus vías respiratorias, maltratadas por las cuatro cajas de Casino que fuma por
día. Inmediatamente abrimos las oxidadas y rechinantes ventanas del bar pero la resistencia fue fútil. La neblina endemoniada ya había invadido el húmedo recinto. Seguimos de grapa en grapa y metacassin igualmente, pero de pronto, un fuerte golpe se escuchó. De el inconfundible sonido de un choque se trataba. En seguida salimos todos afuera, y el panorama era terrible. Mi amada Citroneta marrón se encontraba toda chocada, muy castigada. Fue por culpa del espeso humo, que quitó visibilidad a un pobre conductor que no pudo ver a mi carromato. No pude evitar ponerme de rodillas y llorar encima de la capota del bólido. Inmediatamente imploré venganza y quería saber quien era el causante de el maldito humo. Luego de el consuelo de mis
amigos de boliche me fui a acostar. Al día siguiente me levanté y me entero que el incesante humo provenía de las tierras bárbaras conocidas como Argentina, situadas al oeste del Río Sagrado. Fue Cristina,la reina bárbara que gobierna de forma brutal a sus súbditos, a los cuales mantiene dominados con sus habilidades en el arte de la hechizería, quien comenzó el fuego. Juega a ser Boudica en su trono de cristal, y para combatir a las fuerzas insurgentes provenientes del campesinado de aquella nación es que decidió quemar miles de hectáreas de fértiles campos. La reacción de Nuestro Padre no se hizo esperar. Con toda razón envió diez legiones de aguerridos ciudadanos y la flota imperial sitia sin piedad a la capital bárbara para darle una lección civilizante a estos salvajes.
Esta vez es personal! Van a pagar por lo que le hicieron a mi Citroneta! Ya me enlisté como voluntario, pero dada mi avanzada edad solo me dedicaré a entretener a las tropas con mi flauta y mis aterciopeladas cuerdas vocales. Mi Citroneta ya esta en el taller, y me va a costar muy caro. Voy a tener que estar un mes sin morfar como le pasó a Carlitos Gardel cuando le compró el tapado de armiño a su mina. Aunque tal vez mi tajada del botín obtenido me ayude. Me despido. Hasta el próximo relato.
Siempre fieles!
domingo, 20 de abril de 2008
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