viernes, 22 de febrero de 2008

De el 68 Aniversario de Nuestro Padre II

"Lo prometido es deuda" simpre dice mi vecino Aristófanes Tolomeo Gutiérrez, hombre sabio aunque de toscas costumbres. Lo cito porque tiene razón, debo hace semanas la continuación de los relatos sobre la celebración del 68 Aniversario de Nuestro Padre. Esta vez me concentraré en la intimidad de los festejos llevados a cabo en el Palacio Imperial junto con Su familia, Su Estado Mayor y demás magistrados y legisladores que componen su séquito.

Era una noche de verano calma y cálida. Mi querido barrio de La Figurita se encontraba como siempre. Ya se sentía en el aire el olor a los guisos de Nelly Sosa, mi vecina y colega que trabaja en División Tránsito de la IMM, y ya Don Aristófanes Tolomeo Gutierrez estaba un tanto embriagado jugando una carambola en el bar Cartago En LLamas que es administrado por el queridísimo Publio Cornelio Méndez. Pero en realidad era un día especial, era nada más y nada menos el aniversario de Tabaré. Tomé mi flauta, me subí a mi citroneta marrón y me dirigí hacia el Palacio Imperial.

Al acercarse la vista era imponente, como era de esperarse. Tuve que insistir para poder entrar a la fiesta, explicar que lo que me llevaba a concurrir era simplemente cantar la canción compuesta en honor a Nuestro Padre, titulada "Oh Tabaré El Misericordioso, dadnos pan Padre", y que mi flauta era para embellecer tan nobles versos. Tarea difícil fue persuadir a la fiera Guardia Imperial de mis benévolas intenciones pero lo logré al fin.

Sólo pasar por ese maravilloso umbral de mármol y lapislázuli, que parecía creado por el mismísimo Jano, bastaba para contemplar la belleza única del Palacio Imperial. De una opulencia digna del poder de Nuestro Padre, pero a la vez de una sobriedad y nobleza única, virtudes que se oponen muchas veces a la opulencia y sólo hombres tan virtuosos como Tabaré saben equilibrar con justicia y sabiduría a estas.

Y de pronto ahí me encontraba, en el atrio del Palcio Imperial, repleto de columnas y estatuas de mármol. Decenas de personas se encontraban allí incluidos Nuestro Padre y La Matriarca. Vino, carnes y las más exóticas frutas de todos los rincones del Imperio conformaban los entremeses ofrecidos a los invitados. El reconocido y consagrado bufón de la corte conocido como "El Canario" Luna también se encontraba cantando para los invitados y danzando cual Fauno completamente ebrio por el vino. También el grupo de teatro conocido como Los Diablos Verdes, el favorito de Nuestro Padre, se encontraba actuando para homenajear a Tabaré.

La ansiedad se apoderaba de mi y cuanto antes quería interpretar mi canción. El obeso liberto, Sergio "Trimalción" Puglia, un hombre que vive para y por el placer en sus más diversas formas, organizador de extravagantes bacanales, quien estaba a cargo del mismo, me permitió al fin interpretar mi canción con mi flauta. Me subo al escenario y ahí comenzó.

"Oh Tabaré El Misericordioso, dadnos pan Padre"

(introducción de flauta de 15 minutos)

Oh Padre que gobiernas las tierras
antes ajenas
pero que ahora son nuestras
Oh Padre que conquistaste los mares
que bañan estos lares
Oh Padre, calmad nuestros pesares

(pasaje de flauta de 5 minutos)

De Júpiter el rayo, de Baco el vino
Que sea tuyo el trigo
por eso digo

(estribillo)

Oh Padre Misericordioso
Sé piadoso
Y dadnos pan padre
Calmad nuestra hambre

(sólo de flauta de 20 minutos)


Oh Tabaré El Misericordioso
de los hombres el más virtuoso
El pueblo te aclama porque te ama
Y por la templanza de tan noble alma
es que tu pueblo toma las armas
Oh Padre, Andreacles te canta


(pasaje de faluta de 5 minutos)

De Juno el ganso, de Vulcano el fuego
Que sea tuyo el centeno
por eso cuento


Oh Padre Misericordioso
Sé piadoso
Y dadnos pan padre
Calmad nuestra hambre

(cierre de faluta de 15 minutos)


Al terminar, un corto silencio se apoderó del recinto, pero al instante este cesó sepultándose en ensordecedores aplausos y ovaciones. Me sentí orgulloso de haber tocado el corazón de tan virtuosas y nobles personas.

Luego de algunos minutos de aplausos estos se fueron apagando hasta que de pronto sólo uno se escuchaba. Era nada más y nada menos que el de Jorge "El Perro" Vázquez, hermano de Tabaré. Al grito de un irónico "bravo bravo" ,mientras batía las palmas, hizo que el lugar volviera al más perpetuo silencio dirigiéndose todas las miradas hacia él, inclusive la de Nuestro Padre. Se notaba en sus ojos el descontento y un profundo dolor. La envidia emanaba de sus ojos entrecerrados y grises y la preocupación de Tabaré era de notar mientras yacía en una tensa calma sobre su trono...

Dejaré para los próximos días la continuación de este relato. La tragedia cayó sobre la Familia Imperial en esa maravillosa noche. Y es en la parte III donde describiré lo acontecido luego de mi actuación.
Siempre fieles!

viernes, 8 de febrero de 2008

De los orígenes y presente de El Carnaval

Oh Carnaval! Auspiciado por el poderoso Momo y llevado a cabo por Nuestro Padre!
Atribuido falsamente según las tradiciones a los primeros pobladores negros de
nuestras tierras, falsamente digo, porque no fueron ellos los que combinaron los tres tambores sagrados para crear nuestro candombe, fue nada más y nada menos que Tabaré, Padre de la Patria, Primero Entre Iguales.

Fue un día de verano, mientras recorría los encantados bosques de La Teja, cuando la barriada sagrada estaba cubierta por densos bosques, habitados por ninfas y las más bellas doncellas vírgenes y criaturas salvajes, que descubrió el poder de los tres tambores. Junto con su inseparable hermano, Jorge "El Perro" Vázquez, se encontraba aquella tarde deambulando por entre los árboles y lianas, entonando canciones de bellos versos que parecían compuestas por el mismísimo Orfeo, cuando de pronto una aparición espectral estremeció a Su hermano. Era una débil sombra, una fantasmagórica presencia que logró intimidar a Jorge, sólo a este último, porque Nuestro Padre, aún siendo un infante, desconocía el significado de la palabra miedo. En seguida se adelantó Tabaré exigíendole con total cortesía a aquella sombra que revelara su identidad. De pronto una voz como salida del más allá se escuchó. La sombra era nada más y nada menos que "El Negro" Ansina, deidad de los bosques del sur, patrono de la yerba mate, que suele aparecerse por los bosques encantados persiguiendo damiselas bajo la forma de un macho cabrío. Con la fiereza de un león Nuestro Padre demandó el por qué de tal aparición. Ansina procedió entonces a explicar las razones, fue breve. Con un simple movimiento de su cetro de madera de yerbal hizo aparecer tres tambores y sólo estas palabras pronunció: "Estos tres instrumentos le darán infinita felicidad y sabiduría al que algún día será tu pueblo", y así como apareció se esfumó abruptamente.

Los días siguientes fueron de reflexión para Tabaré. Cómo podría ignorar tal advertencia? Al cabo de meses se volvió un hábil ejecutante, desarrollando una técnica sin precedentes. Con sólo pocos años de vida, Nuestro Padre, se daba cuenta del poder hipnótico que tenían estos vibrantes objetos sobre las gentes simples.

Así es como todos los veranos el Imperio se involucra en los festejos conocidos como Carnaval, para conmemorar aquel episodio aquella tarde de verano es que Su Pueblo se viste de gala, para agradecerle por las alegrías brindadas por Su Persona.

Este año no fue la escepción. Se encontraba Nuestro Padre sentado en Su Trono ubicado en el centro de la calle Isla de Flores, contemplando majestuosamente el mencionado desfile. Su sillón al lado de el de La Matriarca, las más bellas esclavas abanicándole incesantemente mientras degusta delicioso vino con miel y especias en su copa de oro y marfil además de sus magistrados y senadores de confianza que se ubican cerca de Él, conforman el soberbio marco alrededor de Su Persona. Las comparsas desfilan incesantemente sobre la mencionada calle deleitando a la masa presente que arroja agua y papel molido a sus pares.

Uniforme y continuo parece el desfile en su mayoría pero no es así al pasar por frente al palco imperial. La estridente e hipnótica música se detiene, el estado de trance que experimentan los participantes se detiene, no vuela ni una mosca porque todos rinden tributo a Nuestro Padre en ese instante, levantando la mirada y el puño derecho dirigiéndolos hacia Tabaré haciendo que este de la señal de satisfacción levantando su mano derecha con la palma apuntando a los que desfilan. Sólo un insante después de bajar Su mano el fervor, y la incesante energía continúa, acentuadas estas virtudes por semejante gesto.

El pueblo festeja sin cesar porque a Él le debemos la Era de Oro en que vivimos, de abundancia, prosperidad y felicidad sin límites.
Siempre fieles!